Entre los cambios que caracterizan a nuestro mundo contemporáneo se reconoce a la revolución científico-tecnológica generada por las nuevas tecnologías y también a la facilidad que éstas han posibilitado en el plano del acceso y procesamiento de grandes volúmenes de información. De allí proviene la idea de considerar la existencia de una nueva economía basada en una redefinición de las formas tradicionales de producción, en la cual la génesis del conocimiento científico y tecnológico –tanto como su aplicación– constituye su vórtice y principal fuente de retroalimentación. De hecho, es posible identificar al avance tecnológico como el factor principal del aumento de los niveles de riqueza y bienestar social en los países más desarrollados. Del mismo modo, también se ha podido observar que los sectores más productivos e innovadores se gestan en entornos ligados a la tecnología, creando así un círculo de autodesarrollo en el cual el conocimiento se constituye en la base y sostén para influir positivamente en el avance de la calidad de vida de los países de vanguardia.

De allí que se afirme que en nuestra sociedad contemporánea el conocimiento genera la creación de desarrollo.

En nuestros países latinoamericanos, caracterizados por grandes extensiones geográficas y núcleos poblacionales aislados, el acceso al conocimiento se encuentra condicionado por variables espaciotemporales o bien por la capacidad de acceso a la información mediante el uso de Internet. Por ello, el desafío que enfrentan las instituciones educativas consiste en disponer de las condiciones propicias para que el colectivo social pueda desarrollar su capital de conocimiento e infraestructura tecnológica en forma ajustada a sus necesidades, acortando la brecha que le distancia de una mejor calidad de vida.

En este contexto, la formación laboral y la actualización profesional a través de la educación virtual constituyen una instancia formativa accesible y dinámica, capaz de acercar la forma de innovación, gestión y producción que la vida productiva requiere, sin exigir el desplazamiento geográfico del interesado ni la interrupción de su vida y entorno cotidianos.

Hace poco tiempo atrás, America Learning Media publicó un artículo que nos revela hacia dónde nos dirigimos. Según este estudio, en 2014 se venderán –a nivel mundial– millones de dispositivos tecnológicos, como relojes, pulseras y anteojos con tecnología wearable . ¿De qué se trata esta innovación? Simplemente refiere a reconocer el uso que puede hallarse en la tecnología cuando ésta se integra como indumentaria.

Pero no se trata solamente de un atuendo o de algo que está de moda. La tecnología wearable representa el modo de llevar oportunidades de aprendizaje hasta los lugares más remotos, hasta en los momentos más impensados… ¡estés donde estés!

Hacia este promisorio escenario nos conducimos. Nos estamos refiriendo al enorme potencial que nos ofrece la educación virtual, educación ubicua y/o distribuida. Un nuevo formato de educación que se sirve de Internet, una oportunidad de formación continua, a lo largo de toda la vida, aplicable a todas las personas, en países con diverso nivel de desarrollo. Entonces, no es ilusorio pensar que cada día la ciencia y la tecnología progresan más y más en favor de cumplir uno de los derechos fundamentales del ser humano: su educación.